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PATENTE DE CORSO, POR ARTURO PÉREZ-REVERTE

Corsés góticos y cascos de walkiria


No soy muy aficionado a la música, excepto cuando una canción –copla, tango, bolero, corrido, cierta clase de jazz– cuenta historias. Tampoco me enganchó nunca la música metal. Me refiero a la que llamamos heavy o jevi aunque no siempre lo sea, pues ésta, que fue origen de aquélla, es hoy un subestilo más. Siempre recelé de los decibelios a tope, las guitarras atronadoras y las voces que exigen esfuerzo para enterarse de qué van. Las bases rítmicas, el intríngulis de los bajos y las cuerdas metaleros, escapan a mi oído poco selectivo. Salvo algunas excepciones, tales composiciones y letras me parecieron siempre ruido marginal y ganas de dar por saco, con toda esa parafernalia porculizante de Satán, churris, motos y puta sociedad. Incluidas, cuando se metían en jardines ideológicos, demagogia de extrema izquierda y subnormalidad profunda de extrema derecha. Etcétera.


Sin embargo, una cosa diré en mi descargo. De toda la vida me cayeron mejor esos cenutrios largando escupitajos sobre todo cristo que los triunfitos relamidos, clónicos y saltarines, tan rubios, morenos, rizados y relucientes ellos, tan chochidesnatadas ellas, con sus megapijerías, sus exclusivas de tomate y papel cuché, y toda esa chorrez envasada en plástico y al vacío. Al menos, concluí siempre, los metaleros tienen rabia y tienen huevos, y aunque a veces tengan la pinza suelta y hecha un carajal, éste suele ser de cosas, ideas, fe o cólera que les dan la brasa y los remueven, y no de cuántas plazas será el garaje de la casa que comprarán en Miami cuando triunfen y puedan decir vacuas gilipolleces en la tele como Ricky, como Paulina, como Enrique.


Pero de lo que quiero hablarles hoy es de música metal. Ocurre que en los últimos tiempos –a la vejez, viruelas– he descubierto, con sorpresa, cosas interesantes al respecto. Entre otras, que esa música se divide en innumerables parcelas donde hay de todo: absurda bazofia analfabeta y composiciones dignas de estudio y de respeto.

Aunque parezca extraño y contradictorio, la palabra cultura no es ajena a una parte de ese mundo. Si uno acerca la oreja entre la maraña de voces confusas y guitarras atronadoras, a veces se tropieza con letras que abundan en referencias literarias, históricas, mitológicas y cinematográficas.

Confieso que acabo de descubrir, asombrado, entre ese caos al que llamamos música metal, a grupos que han visto buen cine y leído buenos libros con pasión desaforada. Ha sido un ejercicio apasionante rastrear, entre estruendo de decibelios y voces a menudo desgarradas y confusas, historias que van de las Térmópilas a Sarajevo o Bagdad, incluyendo las Cruzadas, la conquista de América o Lepanto. Como es el caso, verbigracia, de Iron Maiden y su Alexander the Great. La mitología –Virgin Steele, por ejemplo, y su incursión en el mundo griego y precristiano– es otro punto fuerte metalero: Mesopotamia, Egipto, La Ilíada y La Odisea, el mundo romano o el ciclo artúrico. Ahí, los grupos escandinavos y anglosajones que cantan en inglés copan la vanguardia desde hace tiempo; pero es de justicia reconocer una sólida aportación española, con grupos que manejan eficazmente la fértil mitología de su tierra: Asturias, País Vasco, Cataluña o Galicia.

Tampoco el cine es ajeno al asunto; las películas épicas, de terror o de ciencia ficción, La guerra de las galaxias, Blade Runner, Dune, las antiguas cintas de serie B, afloran por todas partes en las letras metaleras. Lo mismo ocurre con la literatura, desde El Señor de los Anillos hasta La Isla del Tesoro o El Cantar del Cid. Todo es posible, al cabo, en una música donde el Grupo Magma canta en el idioma oficial del planeta Kobaia –que sólo ellos entienden, los jodíos– mientras otros lo hacen en las lenguas de la Tierra Media. Donde Mago de Oz alude –La Cruz de Santiago– al capitán Alatriste y Avalanch a Don Pelayo. Donde los segovianos de Lujuria lo mismo ironizan sobre la hipocresía de la Iglesia católica en cuestiones sexuales que largan letras porno sobre Mozart y Salieri o relatan, épicos, la revuelta comunera de Castilla.

Y es que no se trata sólo de estrambóticos macarras, de rapados marginales y suburbanos, de pavas que cantan ópera chunga con corsé gótico y casco de walkiria. Ahora sé –lamento no haberlo sabido antes– que la música metal es también un mundo rico y fascinante, camino inesperado por el que muchos jóvenes españoles se arriman hoy a la cultura que tanto imbécil oficial les niega.

El grupo riojano Tierra Santa es un ejemplo obvio: su balada sobre el poema La Canción del Pirata consiguió lo que treinta años de reformas presuntamente educativas no han conseguido en este país de ministros basura. Que, en sus conciertos, miles de jóvenes reciten a voz en grito a Espronceda, sin saltarse una coma.


http://www.youtube.com/watch?v=9q23J9u6yJE&feature=related




†DøLøя†

  1. Sin el dolor no habria felicidad.
  2. Dolor lo tenemos todos, unos mas y otros menos, pero todos lo tenemos.
  3. El dolor mas desesperante es sentir la sensacion de que no quieres vivir para no morir.
  4. La peor manera de extrañar a alguien es estar sentado a su lado, sabiendo que no puedes tenerlo.
  5. Gracias al dolor uno aprende a defenderse.
  6. No hay peor dolor que estar siempre en continua soledad.
  7. A las personas que me hacen pasar momentos difíciles las veo como maestros que me hacen crecer ante la adversidad.
  8. Más vale un fin con dolor que un dolor sin fin.
  9. A sangrar se aprende sangrando…
  10. El dolor que no te mata, te hace más fuerte.
  11. Digámoslo de una vez: no trata de evitar el dolor, porque el dolor es inevitable; se trata de escoger las consecuencias.
  12. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
  13. Es sincero el dolor del que llora en secreto.
  14. Allí donde está el dolor, está también lo que lo salva.
  15. El dolor no nos sigue: camina adelante.
  16. En nuestra felicidad vivimos. En nuestro dolor observamos la vida.
  17. Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar.
  18. Todas las cosas llegan, le hacen a uno daño y se van.
  19. Por mucho que escondo lo más posible mis dolores en mi interior, a veces salen, y desgarran a quienes estrecho entre mis brazos.
  20. Las personas heridas son peligrosas… saben que pueden sobrevivir.

 

†Bella y oscura†

"...Desgraciado aquel que no ha conocido el amor. Ese abismo al que uno se arroja felizmente.
 
Desgraciada la persona que nunca ha sentido, ni siquiera por un instante, que ella y su pareja eran los dos únicos humanos que jamás habían habitado este planeta.
 
Desgraciados los que se hayan sentido así alguna vez. Porque lo han vivido y lo han perdido..."
 
 
 
 
 
"...Eso quisiera yo: morir de mi propia muerte.
Ya que venimos al mundo como animales, ensangrentados y ciegos, inútiles e irracionales, salgamos de esta vida como humanos.
Con muertes notorias y simbólicas, dignas del final de una novela: como los héroes que somos de la narración de nuestras vidas.
Porque lo que nos diferencia de las criaturas inferiores es que nosotros somos capaces de contarnos, e incluso de inventarnos, nuestra propia existencia..."
 
 
 
 

† Manikiatrico - Carroñeros †

De mi sudor surgió el dinero,
de la carroña los carroñeros;
llevan tirantes y zapatos de cuero,
y los osos los llaman banqueros.
Suave, que me derramo...
Hice bien en no pararme a escuchar
voces llenas del sonido del metal,
Hice mal en mancharme al denunciar
los sucios trucos que utilizan para robar.
Porque en la negra comisaria
no querian entender,
que los guardianes del dinero
tienen mucho que esconder.
Cuentaselo con mucho tino
a tu acomodado vecino.
Hice bien en no pararme a contemplar
lujos que insultan a la humanidad,
hice muy mal en no exterminar
esa asquerosa forma de vida,
la próxima vez que me vengan a ver
con su humo de regalo,
me voy a pensar
llenar la entrada de cepos,
y despues colgar el cartel de no molestar.
Porque en la negra comisaria
no querian entender
que los guardianes del dinero
tienen mucho que esconder.

†Frases†

No soy un completo inútil, por lo menos sirvo de mal ejemplo.
 
Esta obsesión de suicidio me está matando.
 
No más medios de comunicación, los queremos completos.
 
Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.
 
Errar es humano, pero echarle la culpa al otro es más humano todavía.
 
Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe.
 
Yo no sufro de locura, la disfruto a cada minuto.
 
Si yo fuera tú me enamoraría de mí.
 
Es bueno dejar la bebida, lo malo es no acordarse dónde.
 
Sonríe, yo existo.
 
Si tu novia perjudica tu estudio, deja el estudio y perjudica a tu novia.
 
La inteligencia me persigue pero yo soy más rápido.
 
Cualquiera se puede equivocar, inclusive yo.
 
La verdad absoluta no existe, y esto es absolutamente cierto.
 
Hay un mundo mejor, pero es carísimo.
 
Ningún tonto se queja de serlo. No les debe ir tan mal.
 
Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado.
 
La mujer que no tiene suerte con los hombres no sabe la suerte que tiene.
 
No hay mujer fea solo belleza rara.
 
No estoy en contra de que haya hombres feos, pero ¿por qué todos viven en esta cuidad?.
 
La pereza es la madre de todos los vicios, y como a la madre hay que respetarla.
 
Estoy preñado de ideas pero no las puedo parir.
 
Las niñas buenas van al cielo y las malas a todas partes.
 
Si un pájaro te dice que estás loco, debes estarlo pues los pájaros no hablan.
 
Pitágoras inventó los corpiños para que los senos no se escapen por la tangente.
 
Felices los que nada esperan porque nunca serán defraudados.
 
El alcohol mata lentamente, no importa no tengo prisa.
 
La confusión esta clarísima.
 
Mátate estudiando y serás un cadáver culto.
 
El mundo se está quedando sin genios: Einstein se murió, Beethoven se quedó sordo, y a mí me duele la cabeza.
 
Lo importante no es ganar sino hacer perder al otro.
 
Vivir en las nubes no es malo, lo malo es bajar.
 
Los ojos son como los Reyes, el tercero el negro.
 
Cari a partir de ahora te voy a llamar TVE porque para mi siempre serás la primera. Pues yo te llamaré peugeot, porque para mi eres el 206.

†El Cuervo†

Antiguamente, la gente creía que cuando alguien muere, un cuervo se lleva su alma al mundo de los Muertos, pero a veces ocurre algo tan terrible, que junto con el alma, el cuervo se lleva su profunda tristeza, y el alma no puede descansar. Pero a veces, solo a veces, el cuervo es capaz de traer de vuelta el alma, para enmendar el mal.
 
 
 
Si nos roban a nuestros seres queridos, la forma de hacer que vivan más tiempo es no dejar de amarlos nunca. Los edificos arden, las personas mueren, pero el amor verdadero es para siempre.
 
 
 
No llueve eternamente
 
 
 
La infancia termina cuando sabes que vas a morir
 
 
 
 
Estaba muerto ya, murió hace un año, murió en el momento en que le toco. Todos murieron, aunque no lo saben aún.
 
 
 
 
Madre es el nombre de Dios en los labios y corazones de los niños.
 
 
 
Cada uno de éstos es una vida, una vida que usted ha ayudado a destruir
 
 
 
 
- No me mate por favor. 
- No voy a matarle, ahora su misión será decirles a los demás que la muerte se les acerca, esta noche... dígales que Eric Draven les envía recuerdos.
 
 
 
 - ¡Quieto!
 - Yo pensé que la policía gritaba alto...
 - No se mueva o es hombre muerto. 
 - Y yo digo que ya estoy muerto, y me muevo.
 
 
 
 
Para Shelley, las pequeñas cosas significaban tanto... Yo solía pensar que eran triviales. Créeme, nada es trivial.
 
 
 
Cristo va y entra en un hotel, 3 clavos le da al posadero y pregunta....¿tiene cruces libres?
 
 

 

 

Antes de elegir a Brandon Lee para interpretar a Eric Draven se ofreció el papel a River Phoenix y Christian Slater.

 Igualmente se ofreció el papel de Shelley, la novia de Draven, a Cameron Diaz

En la escena en la que Eric irrumpe en la tienda de Gideon cita el poema "El cuervo" de Edgar Allan Poe.

Precisamente el autor del cómic, James O'Barr, aparece brevemente en el film robando una televisión tras la explosión en la tienda de Gideon.

†Código Penal†

1. PREGUNTA:
a) Luis se descarga una canción de Internet.
b) Luis decide que prefiere el disco original y va a El Corte Inglés a
hurtarlo. Una vez allí, y para no dar dos viajes, opta por llevarse toda una
discografía. La suma de lo hurtado no supera los 400 euros.

RESPUESTA: La descarga de la canción sería un delito con pena de 6 meses a
dos años. El hurto de la discografía en El Corte Inglés ni siquiera sería un
delito, sino una simple falta (art. 623.1 del Código Penal).
 
2. PREGUNTA:
a) Sergio, en el pleno uso de sus facultades mentales, se descarga una
canción de Malena Gracia.
b) Sergio, en un descuido de Malena Gracia, se lleva su coche y lo devuelve
40 horas después.

RESPUESTA: Sería mas grave la descarga. El hurto de uso de vehículo tiene
menos pena, a tenor del articulo 244.1 del Código Penal.
 
 
3. PREGUNTA:
a) Ocho personas se intercambian copias de su música favorita.
b) Ocho personas participan en una riña tumultuosa utilizando medios o
instrumentos que pueden poner en peligro sus vidas o su integridad física.

RESPUESTA: Es menos grave participar en una pelea que participar en el
intercambio de compactos. Participar en una riña tumultuosa tiene una pena
de tres meses a un año (art. 154 del Código Penal) y el intercambio tendría
una pena de 6 meses a 2 años (art. 270 del Código Penal)
 
 
4. PREGUNTA
a) Pedro y Susana van a un colegio y distribuyen entre los alumnos de
preescolar copias de películas educativas de dibujos animados protegidas por
copyright y sin autorización de los autores.
b) Pedro y Susana van a un colegio y distribuyen entre los alumnos de
preescolar películas pornográficas protagonizadas y creadas por la pareja.

RESPUESTA: La acción menos grave es la de distribuir material pornográfico a
menores (art. 186 del Código Penal). La distribución de copias de
material con copyright sería un delito al existir un lucro consistente en el
ahorro conseguido por eludir el pago de los originales cuyas copias han sido
objeto de distribución.
 
5. PREGUNTA:
a) Juan fotocopia una página de un libro.
b) Juan le da un par de puñetazos a su amigo por recomendarle ir a ver la
película "Los Ángeles de Charlie".

RESPUESTA: La acción más grave desde un punto de vista penal sería la "a",
puesto que la reproducción, incluso parcial, seria un delito con pena de 6
meses a dos años de prisión y multa de 12 a 24 meses. Los puñetazos, si no
precisaron una asistencia médica o quirúrgica, serían tan solo una falta en
virtud de lo dispuesto en el artículo 617 en relación con el 147 del Código
Penal.
 
Y una más:

Farruquito atropelló y mató a una persona, sin tener ni seguro ni carné de
conducir, no auxilió a la víctima, se dio a la fuga, ocultó pruebas... y sin
embargo sigue en la calle.

Ala chavalotes, ya sabéis: pegad, violad, acosad, robad...
¡pero no uséis el emule!

 
 
 
 
 
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†El Perfume: Historia De Un Asesino†

El best seller de Patrick Süskind.
 
Jean Baptiste Grenouille nació en mitad del hedor de los restos de pescado de un mercado
y fue abandonado por su madre en la basura.
La autoridad se hizo cargo del bebé que fue de hospicio en hospicio y sentenció a su madre a la horca.
El chico creció en un ambiente hostil, nadie le quería e incluso sus compañeros intentaron asesinarle
y todo porque había algo que lo hacía diferente: no tenía olor.
A cambio, Jean Baptiste poseía un olfato excepcional.
A los 20 años, después de trabajar en una curtidería, consigue trabajar para el perfumero Bandini, el que le enseña a destilar esencias.
Pero él quería atrapar otros olores, el olor del cristal, del cobre... y sobretodo el olor de ciertas mujeres.
A cambio de centenares de fórmulas de perfumes con los que Bandini se enriqueció,
le escribió una carta de recomendación para aprender el arte de "enfleurage" en la capital mundial del perfume: Grasse.
Una vez allí, consigue su objetivo, un perfume cuyos ingredientes son la esencia de jóvenes muchachas de la ciudad,
a las cuales debía matar y mutilar para obtenerla.
Trece esencias para componer un perfume que todo aquel que lo olía sentía el inevitable impulso de amar con lujuria,
enajenados, como hipnotizados.
Cuando llegó a Paris, despertó tanta pasión que su cuerpo desapareció entre la multitud entre golpes y mordiscos.
                                                                     

†Habitación 311†

La busco en...

     ...Estrellas que se reflejan en una mirada ausente

                   Sol que deslumbra unos ojos vacios

                          La tempestad de la vida a la que sigo el paso pero no alcanzo

                                 Corazón que tiene a la soledad por eterna acompañante 

                                         ...Busco la felicidad y no la encuentro, ¿se esconderá detrás de la luna?

                                                                                  

                                      °~(¯`†´¯)~°δїѕтџяβзδ αиġзℓ°~(¯`†´¯)~°

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†Charles Baudelaire†

EL DE LA MALA SUERTE

 

...Lejos de las sepulturas célebres,

Hacia un cementerio aislado,

Mi corazón, cual un tambor enlutado,

Va, tocando marchas fúnebres...

 

 

EL HOMBRE Y EL MAR

 

...Ambos sois tenebrosos y discretos:

Hombre, nadie ha sondeado el fondo de tus abismos,

¡Oh, mar, nadie conoce tus tesoros íntimos,

Tan celosos sois de guardar vuestros secretos!...

 

EL ESPECTRO

Como los ángeles, con ojo furtivo,

Yo volveré a tu alcoba

Y hasta ti me deslizaré sin ruido

Entre las sombras de la noche...

                                               

†El llanto de las libélulas. 6º confesión: El final (de todas las partes)†

 

El presente parece otro, otro tiempo ajeno a este donde vivo.

No me importa saber que todo ha cambiado poco y nada.

Sé que el cambio se acerca con pies que lento caminan.

Finjo respirar, finjo ver los colores. 

Me siento en alguna parte y dejo pasar el tiempo.

Saber que aún queda mucho camino por desvelarse y por recorrer.

Que cada piedra es un desafío, y los caminos están repletos de ellas.

Que hay bifurcaciones curiosas, que se escapan de nuestro territorio

y laberintos milenarios y sentidos alternados

que nos hacen cometer locuras.

Quiero ser libre, quiero vivir, quiero caminar

aquella calle poseada y caerme cien veces.

Por que no me importa caerme, sentir como el cuerpo choca salvajemente contra el asfalto

y a la sangre vertiendo de la cabeza.

Sino los recuerdos de esas caídas, la sensación

que deja el dolor una vez que volvemos a estar de pie,

el gusto a metal en la boca y el azufre que se escapa por los poros.

Te sacudes la ropa, te sacas las espinas y a seguir adelante,

lección aprendida.


La vida no es justa ni mucho menos sencilla.

Y aunque las botellas vacías perduran durante mucho tiempo en la calle desierta, las campanas dejan de moverse rápidamente.

Si algo nos queda de todo esto, son las vibraciones.

Aquellos momentos donde sentimos

que éramos dueños de nuestros actos,

el viento sobre la piel y los latidos en la punta de los dedos.

Aquellos pequeños instantes, hacen de nuestra vida una vida.

 
Presente vacío, futuro abierto.
 
 
 
 
 
Cuando
los sueños
no se cumplen...  
 
             ...tornan
                pesadillas

†El llanto de las libélulas.5º confesión: El final (de una parte)†

Curiosamente, dentro de un muro de incoherencias,
reflejo mi sentido de la oportunidad aquella tarde.
Supongo que en parte, gracias al silencio y la marea,
pudimos seguir adelante
como si esos días jamás hubiesen existido
(filo asesino que se pierde a la deriva
y arrebata la furia de la mirada rasante).
¿Qué podría decirte?
Imagino que en este momento
mis palabras no son nada más que eso,
simples letras unidas por las puntas.
Frases que navegan en caída libre por este mar de sonidos.
Bemoles, sostenidos, agudos...
No quiero ser presa de las palabras,
encerrarme en algún lugar oscuro.
Veo y recuerdo.
Sé que te he lastimado,
pero mis palabras no reflejan tus heridas.
Mis ojos son culpables de nuestro final,
aunque creo que no deben pagar por ello.
Culpa a mis dedos que lloran cubiertos de sangre ajena,
aquella sangre que es difícil de quitar.
No cedo ante ti, ni ante nadie,
no puedo perder esta batalla que he sabido ganar.
Pero a pesar de mi apariencia victoriosa,
sufro intranquila.
Por eso ruego que me dejes escapar inocente.
Quiero caminar por las mañanas
y saber que nada de lo que ocurrió,
ocurrió por culpa mía.
Quiero ser una niña atrapada
que despierta horrorizada
y descubre que su madre
esta a su lado para consolarla.
Amor mío,
pintemos un mundo donde podamos vivir sin el otro.
Dejame tu imagen de sueños.
El tiempo ha pasado amargamente,
los jardines florecieron luego de la lluvia vespertina.
Hoy es tiempo de irnos.
Tiempo de que vuelva a brillar
aquel añejo sol una vez más.
Unas miradas, un beso
y un minuto que perdura por siempre
aunque no quiera ser recordado.
 
 
 
 

†El llanto de las libélulas.4º confesión: Ojos de sombras†

…te sabía lejano,
tan lejano como este oriente
que se cruza en silencio
clandestino con el occidente.
Estos que arden y se envenenan,
que se desintegran en recuerdos
de noches iluminadas por balas rasantes.
Observo tus ojos llagados de sombras,
y siento cómo reflejan el cansancio
de mis manos ennegrecidas.
Te sabía herido y muerto,
consciente de que nuestras almas
sangraban silencios.
Me sabía forzada a vagar entre ojos aislados,
ojos no míos, ojos no tuyos.
Me sabía destinada a refugiarme
entre sábanas no tuyas, no mías…
Y ahora desde la sombra de un cuerpo complacido,
no tuyo, no mío, escapo a las manos
que se refugian en la noche.
Éstas que buscan alejarme de tus manos,
de tu calor, de tu ausencia, de mi muerte

"

†El llanto de las libélulas.3º confesión: La noche en que fui yo†

Hoy vi una bestia.
Quisiera poder decirte que me enfrenté a ella en arduo combate, pero no quiero mentirte.
Se detuvo a escasos centímetros, intercambiamos miradas y siguió su camino.
Hoy me sentí frágil, ligera.
La muerte estuvo tan cerca mío… y ni una mancha, ni un solo golpe, no dejó nada para mí.
Había una calle, sólo eso nos separaba, y decidí no cruzarla.
Ahora el recuerdo me atormenta y este tiempo, el tiempo que es tan fugaz,
se ha detenido para atormentarme todavía más.
Había personas del otro lado de la calle, había amigos.
La muerte cayó sobre ellos impiadosa y yo que sólo pude mirar.
Y deseo decirte que no, que sufrí con ellos, pero no comparto sus lamentos,
sus miradas vencidas…
Ahora, atravesada por lamentos, sus heridas son mías, su sangre es mi sangre.
Recuerdo, lo veo nuevamente con ojos llorosos:
la muerte ataca a ciegas, y yo siento que los quiero.
Deseo ser uno de ellos, pelear por su causa, pero estoy al otro lado de la calle.
Es de noche y la sangre se desvanece en la vereda oscura.
Hay una bestia del otro lado y le tengo miedo.
Siempre es tarde, tarde para reaccionar, para sentirse vivo.
Hoy lo fue, siempre una llega tarde.
Hoy los quiero más que a nadie, a mis amigos.
Deseo haber muerto con ellos, peleado a su lado,
mas no pude hacer otra cosa que mirar
¡Había una calle en medio! Y también una bestia...
ahora tengo miedo de sólo haber visto un reflejo.

 

 


†El llanto de las libélulas. 2º confesión: Propuesta†

Propongo una cosa: juntemos los dedos por un rato,
mi amor, y larguémonos a reír por el solo hecho de reír.
Reír al sentir la electricidad corriendo alrededor
de nuestras manos, que encerradas se mueven,
enceradas se ríen y encerradas están.
Reír al ver el incansable flujo de sangre y al golpear
las columnas de acero que nos dividen la visión
(aquellas que nos otorgan dos caras distintas de la misma realidad).

Quiero unir tus manos con las mías para sentir el roce ajeno.
Para verificar que se sienten los latidos, que se conserva
aquel viejo sistema de símbolos.
No quiero darle miedos a la depresión, a la pasividad
de los elementos.
Quiero soltar tu piel, morder las puntas de mis dedos y desteñir
la vista en rojo.

Propongo morir despacio, en las manos del otro…
cavar en lo profundo, perder la nostalgia perdida.
 
Propongo que veamos, al menos por última vez en vida,
aquel relámpago de fuerza que profundiza nuestra propia
capacidad de ver la vida.

 

 

 

 

                                          

 


†El llanto de las libélulas.1º confesión: Comienzos y lamentos†

Comienza el momento,
atrás quedarán los lamentos de otros tiempos.
Basta de hablar, de escribir, de pensar…
volviendo al mundo,
las velas nos comprimen la poca luz restante
y aguardan el clímax del miedo, este presente silencioso,
este presente vacío.
Comienza el silencio.
Los secretos nocturnos, los ojos incapaces de ver.
Se encierra el cuerpo, se afina el oído,
y de lejos llegamos a escuchar las cadenas que se rompen.
Son dialectos que modifican la vida,
que vierten la sangre de las sabanas desiertas…
y las vemos de reojo, como para no llamar la atención,
y nos quedamos quietos tratando de pasar desapercibidos.
Comienza el juego (Poner las fichas en su lugar,
armar el tablero y que gane aquel que sepa mejor jugar).
Hileras avanzan, hileras caen.
Somos peones de fuerza, peones que luchan por reyes perdidos.
Entonces se abre un camino, los otros contienen la respiración.
Jaque mate y silencio por los caídos.
Comienza el fragmento.
El dilema del después, el sistema complejo de días
y momentos olvidados;
las migajas caídas que nadie reclama
y los héroes que derriban lo construido.
Vemos el desfile,
seguimos la vida con ojos moribundos que no quieren ver…
y luego a escribir las páginas de los que han sido vencidos.
Comienza el misterio.
El problema del pasado que nunca vivimos.
Las distancias han sido marcadas
y todo se encuentra más lejos que nunca.
Llegan ecos que parecen sonrisas,
lamentos que se escuchan eternos,
miradas de imágenes vacías...
Asombrada, un poco confundida,
te observo atentamente.
Nado por un mar que refleja las ansias,
un silencio quizás fúnebre y una mirada corrompida…
… y es entonces donde comienza la selva y termina el bosque.
Apago las luces, cierro la ventana y te miro en el espejo,
imagen reflejante.
Lloramos, nativos del alma, presas del vértigo,
porque afuera comienza un nuevo mundo…
adentro se abren las venas de
los que amamos, vivimos, morimos…

 

 

 

 


Cuida tus pensamientos       porque se volverán palabras.

Cuida tus palabras      porque se volverán actos.

Cuida tus actos       porque se volverán costumbres.

Cuida tus costumbres        porque forjarán tu carácter.

Cuida tu carácter       porque formará tu destino,

               y tu destino, será tu vida.

†Miss sorda de Texas/carta formal†

15/03/2006  

 

'Miss Sorda de Texas' fallece arrollada por un tren que no oyó. La actual poseedora del cetro de 'Miss Sorda' del estado de Texas, Tara Rose McAvoy, murió el lunes tras ser arrollada por un tren, informó ayer la policía.

La víctima, de 18 años, paseaba por las vías ferroviarias cerca de Austin (Texas) cuando un tren de la compañía Union Pacific la atropelló y acabó con su vida.

Un testigo aseguró al canal de televisión local KTBC que el tren hizo sonar en repetidas ocasiones su bocina hasta que ocurrió el accidente.

McAvoy fue coronada como Miss Sorda de Texas el 25 junio del año pasado en competencia con otras siete aspirantes, e iba a representar a su estado en el certamen Miss Sorda de América el próximo mes de julio en California.

 

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Estimada señorita: Desearia con todo mi ser co-
rresponder al afecto que usted me brinda y prote-
gerla como yo creo que se merece por ser la pu-
reza hecha mujer. A vuestro lado me lleva la ru-
ta mas hermosa que he conocido, es grande el pe-
sar cuando estamos lejos, pero saber le convie-
ne que yo tengo bien guardado para usted un tro-
feo. Mi petinar solteria, que entregare con go-
zo realmente inmenso, yo quiero obtener, su con-
sentimiento para visitarla, para aumentar mi di-
cha para cubrirla de besos y llegar a sus te-
soros mas preciados. En todo esto resumo las me-
tas que siempre he deseado. Pero tambien su or-
denada forma de vida es digna de todo respe-
to merece mi profunda admiracion. Por eso co-
nocernos intimamente y nuestras vidas entrete-
ger cuanto antes es lo mejor para nosotros dos.

Apasionado y hondamente la quiero a Usted jo-
ven hermosa, como es natural yo deseo proce-
der con toda prontitud y eficacia a fin de pre-
sentarla luego al altar de la Iglesia y no enga-
ñarla vilmente, pues pienso que es Usted la más pu-
ra y el modelo inevitable de mujer buena y cas-
ta que pueda haber existido.

Asimismo, deseo depositar en Usted todo el se-
creto de mi alma e impedir que mis venas se que-
men con ardiente pasión y despues de haber for-
malizado nuestras relaciones y haber comu-
nicado a su madrecita y hermanitas, quedaría mi ver-
dadera pasión correspondida al fin de que la ha-
ga muy feliz ante tanta emoción.

La verdad le digo que el más afortunado cu-
pído, mirándonos con tan ardiente anhe-
lo, envidiaría nuestra dicha pues créame que el co-
nocer la felicidad matrimonial que desea toda mu-
jer es lo más importante de la vida.


Ahora lee esta carta pero sólo las líneas impares...

†La dama de la capa negra†


Yo estuve allí. Yo la sentí. La vi. La oí. La olí... No, no la toqué. Nadie puede tocarla: ella me tocó a mí.
 Me rozó con los picos de su capa negra, negra como el espanto que dejó a su paso, suave, veloz, indiferente, como la serena mirada que por un momento clavó en mis ojos con desdén. Sus densas pupilas de azabache muerto, muerto pues no brillaba, desierto pues juro que nada vivía en ellas, se incrustaron en lo más hondo de las mías y no han vuelto a salir jamás: viven en mí, en mi alma, en mi vergüenza, en mis vísceras, arañándome las entrañas desde dentro.
Pudo matarme: tuve el frío acero de la punta de su espada besándome la garganta, clavado por unos segundos en el interior de mi carne con la justa profundidad que hace gotear la sangre pero no la derrama. No sé por qué no lo hizo, por qué no la hundió. No lo sé.
Hoy, si reviviera el mismo momento, yo mismo me ensartaría en aquella hoja del demonio hasta que asomara por mi nuca. Al menos así tendría el honor de morir mirando a los ojos a mi asesino.
  

Había llegado como una peste, silenciosa, cabalgando a lomos del aire sin que nadie la sintiera acercarse: Traía consigo la muerte. La apestosa piara de la muchedumbre, manada de buitres cebando su hambrienta miseria en la carroña del dolor ajeno, se agolpaba expectante en la plaza como siempre en día de ejecución. Ella cayó súbitamente sobre el patíbulo en el exacto momento en que el cuello del reo crujió en la soga. Fue como la exhalación de un dios vengativo, como un murciélago oscuro, como una envenenada sombra de aire negro que se precipitó desde el cielo... O desde el infierno.

Dicen algunos que la vieron aparecer, de repente, de entre la plebe sedienta de muerte. Que subió de un solo salto sobre la grupa de un caballo de la guardia, que al mismo tiempo segó la yugular a su jinete, y que apenas un suspiro después se erguía ante el verdugo solemne e impertérrita. Yo eso no lo vi… A apenas unos metros del tablado, pero en su margen contraria, miraba en aquellos momentos hacia otro lado.

No me di cuenta de nada hasta que salpicó mi cara un humor aún caliente que, cuando golpeó mis labios y sentí en ellos su sabor salado, comprendí que era sangre. Acto seguido, cayó entre los cascos de mi montura una cabeza encapuchada, ya sin su cuerpo: alcé la mirada hacia el cadalso, a tiempo todavía de ver como el tronco decapitado del verdugo se desplomaba contra las maderas.

Eran cuatro los lanceros que tenía dispuestos sobre el tablado, y cuatro me parecieron los segundos que tardaron en caer: El primero lo hizo sobre los muñones de sus rodillas, entre espeluznantes gritos de dolor. Fue de un solo mandoble, un terso y silbante beso al aire, certera y alígera caricia que sesgó a mi soldado por las piernas y, antes de frenar siquiera, ya se había abierto camino hacia el pecho del segundo infeliz. Aquella espada ya no saldría de su cuerpo. Como un oscuro suspiro, aquella bruja se alzó en el aire encogiendo las rodillas al tiempo que sacaba un puñal de entre sus botas: pronto estuvo a la espalda del tercero de mis hombres, pasando la hoja por su pescuezo para degollarle en un discreto y fugaz abrazo. No había caído aún al suelo el desdichado cuando el mismo puñal voló como un cuervo asesino contra la frente del único esbirro que me quedaba en pie sobre el cadalso.

Atónito, me giré buscando a Su Majestad, cuyo palco había sido dispuesto en lo alto de las escaleras del templo, justo enfrente del patíbulo. Allí lo vi: custodiado por doce de mis hombres, asistía a la escena estremecido. Era incapaz siquiera de moverse de su escaño, y sus ojos brillaban desorbitados: nunca había visto tanto terror en su siempre soberbia mirada. En aquel momento, su efigie soberana se había convertido en la simple figura de un viejo decrépito, en una patética sombra engalanada de terciopelo y oro. No advertí entonces el significado de todo aquello, no comprendí nada. Nada salvo una cosa: él sí comprendía.

Reaccioné, no sé si por instinto, y saltando del caballo emprendí carrera en su dirección. La voz se me agarró a la garganta, y tuve que arrancarla desgárrandome al hacerlo. ¡Aún así grité desesperado, en todas direcciones, a toda la guardia!: "¡A ella! ¡A ella! ¡Proteged al Rey! ¡Proteged al Rey!" Tenía que cubrir dos flancos, detener a la mujer y resguardar a Su Majestad, pero… ¿Cómo iba a hacerlo, si nada alcanzaba a entender de lo que estaba ocurriendo? Mis órdenes fueron desesperadas, confusas, indecisas, desorientadas, torpes, ignorantes... Aún resuenan en mi cabeza con un peso que no logro soportar: provocaron el caos. La caballería, confundida, entró al galope entre la muchedumbre…

Y se desencadenó la avalancha. Hombres, niños y mujeres morían aplastados los unos contra los otros, o pisoteados por los cascos de los caballos asustados. Algunos jinetes caían de sus monturas, descabalgados por descalzos campesinos que tiraban de sus ropas para arrebatarles las riendas e intentar huir de aquella locura apisonadora. Otros caballeros, con mejor suerte, se abrieron paso a espadazos, diestro y siniestro, defendiendo su propia vida a costa de la ajena ante el pánico demente que se abalanzaba contra ellos.

Ella, entretanto, seguía en pie sobre el cadalso, blandiendo ora la lanza ora la espada de alguno de mis caídos. Todos la visteis: su capa negra se agitaba en cada movimiento como el nubarrón de una tormenta enloquecida, terrible, impía. Ni un solo infante de la guardia consiguió subir al tablado: uno tras otro morían en el intento, ora con casco y cabeza partidos en dos, ora con el cuello abierto borboteando sangre, ora atravesado su pecho o su vientre por el hierro. Era como una demoniesa, una demoniesa silenciosa, y sus cabellos negros los tentáculos de una medusa que bailaba en el aire una danza de muerte distinta a cada cintarazo... Y su hosca silueta, una ola aterciopelada de oscuro odio.

Fue entonces cuando escuché la vieja voz entrecortada de la más mísera ruindad del alma humana: "¡Arqueros!", gritaba. Miré desconcertado en la dirección desde la que sonaba: "¡Su Majestad, no!", exclamé mientras, por fin, conseguía llegar frente a él. "¡He dicho arqueros!", repitió aterrorizado, furibundo. "Pero mi señor… Nuestros soldados… La gente… Es una locura, no pode…" Las palabras no terminaron de brotar de mi boca.

El Rey se levantó trémulo de su poltrona, se aproximó hasta mí y, sin siquiera mirarme a la cara, escupió contra el suelo y arrancó de mis hombros la capa roja de capitán. Ignorándome como si no exisitiera, como si jamás hubiera expuesto mi vida por él, como si no fuera yo sangre de su sangre, hombre de realeza… la dejó caer. Y yo me sentí desnudo, humillado, descorazonado, reducido a la más miserable condición de un solo golpe. "¡Arqueros!" -gritó de nuevo- "¡A discreción!" Los hombres dudaron, pero sólo por unos instantes: no se cuestionan las órdenes de un rey. En seguida pude sentir el rumor de las flechas saliendo de sus aljabas, luego el calambre sonoro de las cuerdas tensándose, y, finalmente, el zumbido de la muerte atravesar el aire.

Los gritos de la agonía y de la locura entonando al unísono la canción de la muerte fueron atroces para mí. "¡Arqueros! ¡Arqueros!", repetía una y otra vez aquella voz que ya ni siquiera me parecía reconocer. Sentí vergüenza, una vergüenza como jamás hubiera creído que pudiera sentirse. Miré hacia el cadalso, y vi a la demoniesa deslizarse indemne bajo él, desaparecer en medio del caos sin que una sola flecha hubiera logrado alcanzarla. Podría haberlo advertido, haber gritado que huía, pero: ¿alguien me hubiera escuchado, alguien me hubiera hecho caso? Ya todo me daba lo mismo. No quise ver más: llorando como un niño, corrí hasta llegar a las puertas del templo, las abrí y me cobijé en las penumbras como una rata atemorizada.

Allí dentro, me dejé caer de rodillas contra el suelo. No sé cuanto tiempo permanecí en aquella posición. Me había sumido en una especie de trance, un aislamiento en mí mismo rayano en lo demente. Desperté de él cuando una figura que se me antojó alada se posó suavemente sobre el ara. Fue así como la vi, oscura virgen cazadora naciendo entre un halo de niebla; así como la oí, rumor acompasado, tersa música haciendo vibrar el aire casi inaudiblemente al roce de sus ropas; así como la olí, aroma grave, sutil e hiriente a un tiempo, mixtura de húmeda piel de hembra y metálica sangre seca.

Ni siquiera me pregunté cómo lo hizo, cómo consiguió llegar hasta los muros del templo sin ser vista, como trepó luego por ellos, como se dejó caer por los profundísimos vanos que tragaban la luz del Sol para iluminar débilmente el altar... ¿Utilizó cuerdas, garfios, sus manos desnudas adhiriéndose a las paredes como las de un lagarto? No lo sé; quizá es verdad, como algunos dicen, que puede volar.

Sentí un odio irracional e inconmesurable, una ira incontenible, no contra ella sino contra todo: un dolor lacerante en el alma que tenía que sanar a toda costa haciendo daño. Me erguí y desenfundé mi espada. Ella me observó silenciosa, sin mediar palabra, y saltó del altar cayendo dulcemente, como un gato que posa con cuidado sus pezuñas en el suelo. Arremetí contra ella gruñendo como un bruto estúpido, temerario y torpe como un cadete. Ni siquiera necesitó empuñar el arma para burlarme: me esquivó con elegancia, rozándome con el raso de su capa, y cuando mi espalda quedó a su merced me golpeó con las piernas, haciéndome perder el equilibrio y la espada. Quise volverme e incorporarme…

Y entonces sí: a medio camino de hacerlo, su acero ya miraba tan de cerca mi entrecejo que apenas una minúscula brizna de aire cabía entre ambos. Permanecí quieto, arrodillado, oliendo de cerca la muerte, saboreándola, casi anhelándola. Me extraña y avergüenza decirlo pero… No, no temía pues la calma inundó todo mi cuerpo. En aquel momento era como el gorrión, en las manos del hombre que va a descabezarlo, que parpadea y se adormila cuando éste pone los dedos contra sus sienes. La punta de su espada descendió suavemente por mi rostro. Acarició mi nariz, mis labios, mi barbilla... Al llegar a mi mentón lo sujetó, empujando poco a poco mi rostro hacia arriba hasta que nuestras miradas se encontraron. Así fue todo…

Hoy se cumplen dos meses de aquello, y cincuenta y siete días desde que me encerrasteis en esa húmeda y hedionda mazmorra, inmunda cloaca donde noche y día he compartido lecho de piedra con ratas y lombrices. Habéis embargado mis bienes, subastado a mis esclavos. A mi esposa y a mis hijas, sin ninguna consideración por su nobleza y linaje, las habéis ultrajado y convertido en hieródulas de templo: si no se han suicidado ya, serán hoy tan sólo carne que sacia los vulgares apetitos de clérigos y fieles. ¡Agradezco a los dioses no haber tenido hijo varón que ver condenado a galeras o reducido a la servidumbre! Me juzgáis por alta traición: ¡Acabemos con esta farsa, ya sabemos todos cuál va a ser la sentencia! Yo no la ayudé a penetrar subrepticiamente en el templo para que pudiera atacar a Su Majestad por la espalda, no vi por dónde huyó después y, si es verdad como decís que volvió a entrar en el santuario, ni siquiera lo advertí: estaba aún de rodillas con los ojos enterrados en el suelo, tal y como me encontrasteis.

Y sabéis muy bien que los pies de esa demoniesa, si es que pisan al caminar, son mudos, son de aire… No, tampoco sé dónde está ahora: ¡Os digo por enésima vez que no tengo nada que ver con la dama de capa negra ni con el magnicidio! Aunque eso sí, oídme bien: ¡Juro que, si ella no hubiera matado al Rey, lo hubiera hecho yo mismo aquella tarde de haber podido! ¡Lo hubiera estrangulado con mis propias manos, sintiendo en mis dedos el pulso de su último latido, ávido de su dolor!

Quiero subir al cadalso y no, no quiero el hacha como reconocimiento al abolengo de mi sangre ni a mis años de servicio: quiero ser ahorcado, como corresponde al crimen del que se me acusa, y como lo fue el infeliz cuyo ajusticiamiento dio comienzo a esta pesadilla.

  

¡Ya os lo he contado todo! ¿Tengo que volverlo a hacer? ¡Sí, yo estuve allí! Yo la sentí. La vi. La oí. La olí...


†Buscando en la basura - Sueños†

Triste,
Como el perro en la autopista;
Como una tortuga con prisa;
como una monja en un burdel.

Solo,
Como cuando tu te fuiste:
Como cuando no te rozan
Unos labios de mujer.

Hoy me he vuelto a ver...

Absurdo,
Como un domingo por la tarde;
Como las balas por el aire;
Como el puto despertador.

Inútil,
Como los besos que no diste;
Como un cuerpo que se viste
Cuando me desnudo yo.

Y ahora que voy mas solo que la luna
Negociando gasolina para este amanecer.
Ya ves, voy buscando en la basura
Unos labios que me digan: "esta noche quédate".

Como un borracho en el desierto;
Como una princesa en el metro;
Como un reo sin voz.

Como una navidad sin techo;
Como un delfín en el mar muerto;
Como la lagrima que moja tu colchón.

Vacío,
Como el corazón del rico;
Como el bolsillo del mendigo;
Como los besos de alquiler.

Confuso,
Como una noche sin abrigo;
Como las frases que ya no te escribo
Pa´ que vuelvas otra vez.
 
En mis sueños puedo ser laberinto de pasiones,
Desear y poseer, esconderme en mil rincones
Puedo ser lágrima que cae de tus ojos ya cansados
Mensajero de poder, aire que besa tus labios

Ya no quiero salir pa ver que tal te va
Quiero seguir soñando
Quiero seguir aquí, no quiero despertar,
¿sin sueños, para que valgo?

Ya no quiero salir pa ver que tal te va
Quiero seguir soñando
Quiero seguir aquí, no quiero despertar,
¿sin sueños, para que valgo?

En mis sueños pude ver como un día me besabas,
De la cama yo caí agarrándome a la almohada
Soñaré que tu estás aquí,
Tu cuerpo sin ropa en mis sábanas,
Tiemblo sólo de pensar que despertaré mañana

Ya no quiero salir pa ver que tal te va
Quiero seguir soñando
Quiero seguir aquí, no quiero despertar,
¿sin sueños, para que valgo?

Ya no quiero salir pa ver que tal te va
Quiero seguir soñando
Quiero seguir aquí, no quiero despertar,
¿sin sueños, para que valgo?

†El salmo de los desheredados†

Padre Nuestro de todos nosotros,
de los pobres, de los sin techo,
de los marginados y de los desprotegidos,
de los desheredados y de los dueños de la miseria,
de los que te siguen y de los que en ti ya no creemos.
Baja de los cielos,
pues aquí está el infierno;
baja de tu trono,
pues aquí hay guerras, hambre, injusticias…
no hace falta q seas uno y trino
con uno solo que tenga ganas de ayudar… nos bastaría.
¡¿Cuál es tu reino?! ¡¿El Vaticano, la banca, la alta política?!
Nuestro reino es Nigeria, Etiopía, Colombia, Hiroshima…
El pan nuestro de cada día son las violaciones,
la violencia de género, la pederastia, las dictaduras, el cambio climático…
En la tentación caigo a diario,
no hay mañana en la que no esté tentado de crear a un Dios humilde, justo.
Un Dios que esté en la tierra, en los valles, los ríos…
Un dios que viva la lluvia, que viaje a través del viento y acaricie nuestra alma.
Un dios de los tristes, de los homosexuales.
Un dios más humano.
Un dios que no castigue, que enseñe.
Un dios que no amenace, que proteja.
Que si me caigo, me levante.
Que si me pierdo me tienda su mano.
Un dios que si hierro, no me culpe.
Y que si dudo, me entienda, pues para eso me dotó de inteligencia.
Para dudar de todo.

Padre Nuestro, de todos nosotros,
¿Por qué nos has olvidado?
Padre Nuestro, ciego, sordo y desocupado.
¿Por qué nos has abandonado?